Un poco de historia. Alfileritos

Aunque su nombre oficial, recogido en el Nomenclátor de 1864 , fue hasta 1916 el de “calle de Moreto”, ya desde mediados del XVIII era conocida como calle de los Alfileritos en el uso popular. Anteriormente se la denominaba del Refugio, nombre éste que ha perdurado en la documentación oficial, Registro y Catastro, aunque los azulejos municipales han admitido, por fin, el nombre común.

La calle en sí se clasificaba como romana en su origen por el profesor Téllez, deduciéndolo por su regularidad y su relativa anchura, apta para vehículos de la época. Debe haber nacido por una estructura militar, adarve tras de la muralla romana o visigoda que, paralela a ella, la servía de apoyo a media ladera del cerro toledano y hoy, seguramente, de cimientos a las casas de su acera Norte. Esta muralla estaba aún visible en  1230 y 1244, pues al describirse en los documentos mozárabes la casa del Refugio, de la que ahora hablaremos, se dice que lindaba con el “muro de la ciudad” y con la calle que iba a Zocodover.

En la época árabe, si no antes, las necesidades de la vivienda de una población creciente obligan a edificar en las laderas del recinto primitivo, hasta entonces relegadas a fines defensivos, Surge pronto la segunda muralla, con su correspondiente puerta, luego llamada de Valmardón, en la vaguada que sirve que acceso al poblado por este sector; se rellena rápidamente con casas e incluso con una mezquita el espacio vacío entre ambos muros y, poco a poco, el situado más arriba va desapareciendo al carecer de función, salvo el apoyo antes indicado de los edificios construidos sobre él.

Ya citamos antes el Refugio como el establecimiento más famoso sitio en esta vía. Se documenta éste, como vimos, a comienzos del siglo XIII, sin que conste en tan remotos antecedentes su origen ni su destino primitivo, que tanto puede haberse sido militar como hospitalario.

Por cierto que es curioso que, desapareciendo el establecimiento en sí en el año 1246, en que se vende a un musulmán –muy probablemente para vivienda privada-  persistía su recuerdo. Y no solamente en el nombre dado a la calle, sino adherido al edificio. Así, cuando una nueva fundación hospitalaria se lleva a cabo en el siglo XVI, tras una breve residencia del nuevo albergue en la calle de la Sillería, se la vuelve a instalar en el antiguo Refugio o al menos con el mismo nombre, quedando a cargo de la cofradía de la Concepción, radicante en la vecina parroquia de San Nicolás y cuyos libros de cuentas alcanzan al año 1599.

Debió tener esta corporación cofrades adinerados o importantes valedores, pues llegó a poseer numerosas casas y censos, dedicándose también a recoger solteras en estado de gestación. Se titulaba “Hospital de Nuestra Señora del Refugio”,  subsistiendo hasta 1836 en que pasó a depender de la Junta Municipal de Beneficencia. Al trasladar a sus acogidas a la Casa de Maternidad, unificándola con el Hospital de Expósitos, o sea, Santa Cruz, pasó aquel Refugio a depender de la Diputación Provincial, desamortizándose sus bienes a partir de 1855. El edificio antiguo subsiste hoy, aunque reducido a solar con una vivienda ajena sobre parte de él, ostentando en su dintel el nombre de dicha Junta Oficial.

Ahora bien, la fundación más popular de esta calle ha sido y sigue siendo el retablo de la Virgen de los Alfileritos. No hemos podido averiguar su autor ni las causas de su emplazamiento aquí; sobre este retablo; sólo se ha publicado, que sepamos, un breve folleto sin grandes pretensiones históricas impreso en 1945, citando ciertos documentos que halló su autor, algunos fechados entre 1747 y 1775, según los cuales, una racionero catedralicio llamado Pedro de Horozco recopiló una noticia o tradición de tiempos de Felipe V. Según esta imprecisa fuente, una bordadora de un taller establecido en los “portales de los Boteros de la plaza de Zocodover, se detenía al volver de su trabajo ante esta hornacina mariana (que no se dice cuándo se instaló, pero que lógicamente era anterior), a la que rezaba diariamente. Un arañazo fortuito con un alfiler de su oficio la produjo una infección;  y sanada ésta ofreció el alfiler como ex voto. Presenciaba tal acto un hidalgo distinguido y apuesto y para disimular su acto de pararse ante la imagen , echaba un alfiler cada vez que coincidía con el, causando la natural extrañeza de éste, quien la esperó repetidamente en el mismo sitio. Por fin prendado el hidalgo de la menestrala y tras vencer los fuertes obstáculos puestos por su familia a un matrimonio desigual, se verificó el enlace y la ofrenda ocasional del  alfiler se hizo famosa por serlo también tan insólita boda, surgiendo la costumbre de ofrendar alfileres las solteras que deseaban dejar de serlo.

Añadiremos a esta curiosa tradición que extraídos y maltratados el retablo y  la imagen en 1936, fue restaurado por el académico don Bienvenido Villaverde, informado éste en 1937  a la Real Academia toledana que se trataba de una pintura sobre tabla, originalmente de mayor tamaño, pero cortada para acoplarla a su pequeño retablo, más moderno éste que aquélla; clasificándola en la escuela de Tristán y el retablo en la segunda mitad del XVIII.

Por nuestra parte, observamos sobre este sencillo pero famoso monumento que las palabras “Mater Dolorosa” que campeaban sobre su hornacina son, sin duda, la advocación original de la imagen, seguramente anterior a la leyenda que la da hoy su nombre popular;  que la casa donde se hallaba pertenecía al Cabildo Primado.

En el siglo XVIII es conocida con detalle la distribución de esta vía pública gracias al Libro Vecindario. La llama calle del Refugio,  “que principia en San Vicente y va a San Nicolás”, comprendiendo diecinueve casas de las que las mejores son la 2ª desde San Vicente, de don Diego Bravo, vecino de Albacete; la 6ª de “los señores Hurtados”, ambas con 900 reales de renta; una del propio hospital del Refugio, unida a la iglesia del mismo y destinada a vivienda de su Capellán. El mismo establecimiento hospitalario poseía la casa siguiente, haciendo ya esquina al callejón de Gigantones.

Volviendo a la acera de enfrente de la calle, sigue la que ostentaba el retablo mariano, propia de la Catedral. La cuarta desde la esquina del callejón de Moreto era de cierto don Mateo Álvarez de Rellán, canónigo de Pastrana, y hasta esta casa y la siguiente alcanzaban el ámbito parroquial de San Nicolás. Ya dentro del territorio de San Vicente, una casa del marqués de Fresno; otras dos sin relieve y por último, una “casa principal de las señoras Cisneras”, o sea, las monjas de San Juan de la Penitencia, o bien su colegio unido, fundación del mismo prelado, cuya renta, 1200 reales, es la más elevada de esta calle.

Como última noticia y como demostración curiosa de la fuerza que puede llegar a adquirir el nombre popular de una vía pública, anotaremos que hace ya más de un siglo, al publicarse por la Junta Provincial de Beneficencia la subasta de unas obras a realizar en el “estinguido Hospital del Refugio”, añaden en el anuncio que tendrá lugar en la “calle de los Alfileritos”. O sea, que, conociendo perfectamente que la calle no se llamaba así, tenían que recurrir al nombre usual los propios administradores del establecimiento borrado del mapa viario, para que los licitadores posibles no se equivocaran de local.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.