Un poco de historia. El Cristo de la luz

Usualmente está dividida en dos tramos separados por la puerta de Valmardón, llamándose cuesta al sector alto y bajada al inferior. Sin embargo en 1864 se unificaron con buen acuerdo ambas partes, como “cuesta” única del Cristo de la Luz. Hoy se llama calle al conjunto de ambas.

Aunque la utilización de esta vaguada natural como calle debe ser tan antigua como la ciudad misma, siendo uno de los accesos primitivos al cerro toledano desde el Norte, el nombre que hoy lleva es relativamente moderno. Las primeras citas que de esta vía hallamos dan como referencia de la misma a la puerta árabe (que fue de herradura, retallados hoy los extremos del intradós) de Valmardón, Bib-al-Mardóm, Mayordomo o Mayoriano, palabra no árabe, por cierto, pero que se usa por los documentos mozárabes desde 1156. Se la sigue conociendo bajo el mismo nombre en 1221; pero la instauración de la iglesia de Santa Cruz por el arzobispo don Gonzalo Pérez, “a instancias del Rey” el 30 de junio de 1186, a favor de los Hospitalarios o Sanjuanistas, aprovechando la mezquita allí existente desde el año 999, da lugar como suceso más señalado o reciente a que se cite ya el paraje como “barrio de la Cruz”, “Puerta de la Cruz” o “calle que pasa por la ermita de la Cruz”.

Así se llama todavía a fines del siglo XVI y principios del XVII. Vemos pues, que el Crucifijo que la denomina ya era famoso desde el siglo XII al menos; si el primitivo que hubiera en tales fechas es el que ha llegado a nosotros, no es fácil determinarlo, pero es muy posible que sí, ya que el que hoy conserva el Museo de Santa Cruz se clasifica oficialmente como de los siglos XIII-XIV. Junto a este Crucificado, soporte de varias poéticas leyendas, se veneraba también, pero ya en época posterior (al menos desde 1611) a una imagen mariana, advocada Virgen de la luz y cuyo paradero desconocemos. La única reproducción que de ella hemos visto es la que incluyó Villaamil en uno de sus conocidos dibujos sobre Toledo.

No sabemos por qué el Cristo de la Cruz empezó a ser llamado Cristo de la Luz, igual que la imagen de su Madre; nombre que ha llegado a nuestros días. La ermita, por cierto, permanecía casi oculta por una casa vulgar, vivienda del santero, adosada a su fachada principal. Al retejarse aquélla y reparar pequeños desperfectos de ésta, en 1899, se advirtió por González Simancas la inscripción de ladrillo que la adornada, demoliéndose poco después esta casa y dejándose aislado totalmente el edificio, restaurándolo y consolidándolo a principios de este siglo.

Además de esta célebre ermita, se citan otros edificios famosos en esta calle. De los más antiguos se habla ya en 1156: unos mesones cerca de la Puerta de Valmardón, al exterior de ella, pues pertenecían a la colación de Santiago. Frente a estos mesones, bajo la muralla antigua, existía ya en 1256 un antiguo manantial, salobre como la mayoría de los que alumbran en el cerro toledano, y que se donó al convento de San Clemente para surtir a unos baños de su propiedad, construidos en la Antequeruela. En 1576 se habla todavía de ellos, llamándolos “a la Cruz al vaño del Esnicase”. Existe hoy tal manantial, al fondo de una fragua adosada a la muralla árabe.

Además de estos mesones y baños, seguramente muy productivos, pues estaban en uno de los sitios más visitados por los forasteros que acudían a la ciudad medieval, se cita también en esta calle un hospital, que no sabemos si es el mismo que el del Refugio, con fachada a ella, pero con entrada por la de Alfileritos, en donde le estudiamos. Este era muy modesto y se llamaba de la Concepción, teniendo en 1576 seis camas para peregrinos, tal vez de los que acudieran a la ermita sanjuanista.

Debía ser muy dificultosa la subida desde el Arrabal a la puerta de Valmardón, por el fuerte desnivel que existe entre ambas. Para facilitar el ascenso se construyó por orden del corregidor Gutiérrez Tello, en 1570 , el pretil que desvía en codo la bajada hacia la izquierda de la puerta, paralelamente a la muralla, hasta enlazar con el comienzo de la subida a la Granja. Aún subsiste el pretil, modificado por una innecesaria derivación escalonada que se construyó en 1966, como complemento a la reforma de la ermita del Cristo; derivación que hubiera sido más práctico invertir su presupuesto en pavimentar del todo el final de la calle. Sí fue, en cambio, acertado el adecentamiento de la cloaca romana junto a esta salida, realizado también con aquellas obras. En los documentos de los siglos XII y XIII se mencionan varias callejuelas y adarves laterales en la acera de la antigua mezquita, hoy desaparecidos. Alguno tendría origen militar, de acceso rápido a la muralla por su parte superior y a la puerta del Sol, así como al torreón del Azor, acceso éste cerrado actualmente, pero practicable. Otra callejuela de las suprimidas pudo comunicar con el final del callejón de Gigantones. Se ha conservado el nombre de una de ellas; estaba inmediata a la ermita, separada de ella por una casa y se llamaba “adarve de Tente Juanes”. No debió tener salida dada la topografía del terreno y, probablemente, era propiedad particular de la familia del arzobispo don Gonzalo Pérez. Nacido en esta calle o al menos poseedor de una casa heredada de su padre, el alguacil toledano don Pedro Juanes. En 1776 se describe a la calle dividida también en dos tramos, como dijimos al principio de este artículo. A la parte superior se le llama “cuesta de la Penitencia”, debido a cierta Casa de la Penitencia que había en ella, inmediata al Refugio. Bajando desde Alfileritos se anota una casa del hospital de la Concepción ya citado, seguida del propio Hospital que tenía una vivienda para su portero. Vienen luego nueve casas más hasta llegar al Cristo de la Cruz –todavía llamado por su advocación antigua, como vemos-. La cuarta vivienda, bajando, son todas modestas, resultando la mejor la cuarta de ellas a contar desde el Refugio, propiedad de Don José Dávila. Todo este tramo diezmaba a la parroquia de San Vicente.

Pasado ya el arco de Valmardón se describe a la “calle que baja al Arrabal, desde el Arco del Cristo de la Luz”. Se enumeran en este tramo once casas muy modestas, de las que tres eran de la Catedral y dos de los Niños de la Doctrina. Todas ellas correspondían ya, como es de suponer, a la colación de Santiago del Arrabal.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.