Un poco de historia. Fuente de Cabrahigos

Paseo de la Rosa. Siendo Toledo un muestrario de estilos no podía faltar un ejemplo del rococó, siquiera resulte poco adecuado para el tono general de la ciudad. Bien por esta causa o por no tener ya fácil acomodo dentro de sus murallas, se escogió el camino a La Mancha para adornarlo en 1786 con obras de este estilo, no ejemplares desde luego, pero que, al menos sirven para completar la lista de cánones estéticos.
No es fácil saber si la urbanización de este paseo carretero aspiraba a tener más adornos que los que en él se hicieron en todo caso no nos quedan hoy sino la puerta de Alcántara, bastante disonante y de mal gusto, construida en 1721, previa demolición de la torre fuerte que allí había, con entrada en codo, y fue durante siglos una de las fortificaciones más avanzadas de la ciudad por este lado, siempre firme frente a los repetidos asaltos musilmanes; la Fuente Nueva de 1786, a la derecha conforme se baja por el paseo, muy sencillo; otra fuente a mitad de camino, llevada hace pocos años al cigarral oficial del Cerro de los Palos y, ya casi al final, la discreta fuente de Cabrahigosse, nombre derivado del manantial que allí existe y que produce el mejor aua que tuvo Toledo hasta la conducción del caudal del Torcón en 1945. Esta fuente es, por cierto, merecedora de que se urbanice la plazoleta cuyo centro ocupa, ajardinándola a juego con su estilo, no que darían mejor aspecto al paraje, luego prácticamente suburbano y con aspecto de ser abrevadero, más que una fuente ciudadana. Añadiremos que la transformación del camino en paseo se debió al cardenal Lorenzana, según la inscripción de la Fuente Nueva citada, y que la obra llevó consigo la lógica plantación de árboles. Además de un ajardinamiento de los andenes laterales, según hemos oído contar.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.