Un poco de historia. Hombre de Palo

de un guardia en cada extremo) y se implantó la dirección única hacia la calle del Comercio. Varios nombres ha usado esta calle desde el siglo XII hasta hoy, coo resultado de los numerosos sucesos, a veces trágicos, que han sucedido en ella.

Viariamente no existe en la forma que ahora la vemos hasta fines del siglo XIV, época en que don Pedro Tenorio coloca la primera piedra del claustro catedralicio, el 14 de agosto de 1389, diez años antes de su fallecimiento. Anteriormente era un conjunto de callejas conocido como el “Alcaná”, barrio y mercado cerrado, habitado en parte por hebreos, quienes constituían la llamada “Judería Menor”. Asolado el barrio en la gran revuelta antijudía de 1391, se llamaba entonces a la nueva calle, con la imprecisión propia de la época, como  “Cal de Francos”, “Asaderías” o “Lonja” , nombre este último usado ya a mediados del XVI al menos y que seguía vigente a finales de la centuria, pues lo utiliza el doctor Pisa al mencionar la apertura, por orden de Cisneros, de una puerta a esta calle desde la escalera del claustro alto, para albergar en éste a todos los canónigos, a los que pensaba imponer vida claustral; propósito fracasado por la tenaz oposición del Cabildo.

A partir del siglo XVII, hacia su segunda mitad, se habla ya del Hombre de Palo al referirse a esta calle. Pero debemos advertir que no se dice  “Calle del hombre de palo”, sino “al hombre de palo”, refiriéndose a una figura humana ( de madera, naturalmente), cuya finalidad no se precisa ni tampoco su situación exacta, sin duda como objeto conocido por todos y famoso, quien no era necesario describir.

Ya Moraleda apuntó que se trataba de una estatua y no de un autómata; pero es Ramírez de Arellano quien aclaró, por fin, que se trataba de la figura de un hombre con un cepo o hucha, para recoger limosna para el inmediato Nuncio Viejo. Es lástima que no hubiera en qué documentos halló este dato, que tal vez se encuentre en futuras investigaciones sobre el fondo de este hospital, existente en el Archivo de Obra y Fabrica de la Catedral, recientemente catalogado hasta el siglo XVI. De las escasas noticias que contienen este nombre podemos deducir que estaba en la esquina de esta calle con la del Nuncio Viejo, sitio muy frecuentado en todo tiempo y donde podían dar limosna, por tanto, bastantes personas.

Vemos , pues, que la leyenda, tan repetida por los toledanos, de que Juanelo Turriano era el autor de un autómata que recorría diariamente esta calle para recoger en el Palacio Arzobispal una ración o una limosna par el artífice -que en ella dicen que habitaba, lo que no es exacto- carece de fundamento. Bien pudo ser, no obstante, que se le atrubuyera la construcción, si no de un “robot”, sí del muñeco que recogiera recursos para el manicomio fundado por el nuncio Ortiz, cuyas rentas  se desvalorizarán con el tiempo. La fama del genial relojero perduraba, y si el muñeco era llamativo o tenía algún movimiento, no es extraño que se le atribuyese su autoría.

En 1778 contaba nada menos que con treinta y tres casas que hemos de suponer muy reducidas de solar y con bastantes pisos; dos eran simples puestos situados en el claustro  y el callejón del Fraile. Todas menos la primera (farmacia actualmente) eran de la colocación de San Pedro; aquélla pertenecía a la de San Ginés, hecho que no debe extrañarnos, porque su puerta se abría ya en un chaflán hacia Nuncio Viejo, siendo comercial su planta a nivel de Hombre de Palo. En la casa número 18 se guardaba entonces el sello oficial del gremio de tejedores, encomendado por entonces a cierto Manuel Furit, que vivía en ella.

Salvo repetidas redundiciones de casas, que han vencido la resistencia de sus habitantes (comerciantes hasta fines del siglo XIX casi todos; luego simples vecinos y ahora comercios otra vez) a perder el local, cuya abundancia ha motivado que esta calle carezca de portadas blasonadas y de patios; la desaparición del muñeco, quizá contemporánea del traslado del manicomio al nuevo edificio costeado por Lorenzana;  mejoras en su alumbrado o pavimentaciones de su calzada, no hemos encontrado más referencias a sucesos ocurridos en ella.

Tan solo un detalle curioso aunque de escaro interés. En 1926 cuando ya se hacía necesario regular la circulación de automóviles dentro del recinto histórico, se instaló en esta calle un “semáforo acústico”  (seguramente un timbre) parar regular el tráfico en ambas direcciones. Aún se conserva en la esquina del claustro de la calle de Hombre de Palo con la del Arco de Palacio un pequeño armario empotrado en el muro donde se alojaba tal “semáforo” que, lógicamente, tendría otro igual en las Cuatro Calles  para avisar al que viniera desde ésta o viceversa. No debió durar mucho este sistema (que precisaría de un guardia en cada extremo) y se implantó la dirección única hacia la calle del Comercio.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.