Un poco de historia. La casa del diamantista

Paseo del Barco.  Como tal vía pública es tan antigua como la ciudad misma, ya que constituye el tramo final de una vaguada natural del cerro toledano. En esta función recoge las aguas pluviales y las subterráneas de casi la mitad el casco urbano; y así vemos que al dividir en “cuarteles” a Toledo, para catastrarlo en 1777, frente a las 3520 casas de toda la ciudad en tal época, correspondían 1574 a este cuartel del Barco.

Dadas sus características físicas no es edificable más  que en los márgenes de la vaguada, y a veces con dificultades. Además, es el acceso más cómodo para descender al río, por lo que se utiliza como un camino natural, el más importante hacia éste al cruzar el barrio más poblado. Dada, por otra parte, la necesidad de cruzar a la otra orilla del Tajo, sirve cómodamente para este fin hasta nuestros días mediante una barca de pasaje que le ha dado nombre;  barca por cierto, que pertenecía al Arcediano de Toledo, seguramente por alguna concesión real, hasta 1841 en que fue desamortizada.

Como calle resulta excesivamente larga, atendiendo al módulo normal de sus compañeras en Toledo. Topográficamente comienza en la cuesta de Portugueses; de aquí se halla fragmentado en varias calles sucesivas, bajo nombres distintos; la cuesta citadas, Tornerías (antes “arrabal de los Francos” o “tiendas del rey”); plaza Maor, Tripería (hoy unificada con su prolongación hasta San Justo, bajo la dedicación a Sixto Ramón Parro); Cuatro Tiempos, nombre omitido en el Nomenclátor oficial, pero en plena vigencia real; plaza de la Bellota, también suprimido; Colegio de infantes, etc.

Es más, en 1926 se le restó todavía otro trozo para llamarla de Mauricio Barrés. Se descubrió su correspondiente placa: se revocaron cuidadosamente, para ocultarlos, los antiguos rótulos, reaparecidos espontáneamente años después… y se la siguió llamando calle del Barco por todos los toledanos, como pasa con todos los homenajes  de este tipo, por muy merecidos que sean como en este caso; pero que deberían materializarse de otra forma.

No hemos averiguado si se le dedicó, o no, toda la calle antigua a este gran amigo  divulgador de Toledo, o si sólo lo que su primer tramo. El hecho es que desde el Colegio de Infantes hasta el río está rotulado hoy con su nombre tradicional.

En 1778 se la describe dividida en tres sectores, sin que se use el nombre actual más que el último de los tres el más cercano por tanto al barquichuelo que le denomina. Comienza el primer sector en el propio Mercado o “Carnicerías Mayores” (que no eran muy mayores todavía), llegando hasta la “plazuela del Colexio de los Infantes”, comprendiendo nueve casas desde la plaza Mayor hasta el callejón de la Hermandad; después “síguela Tripería hasta la Botica” con otras 21 casas, terminando la descripción, ya de vuelta, en el hospital de San Pedro. Todas estas casas eran colación de San Justo y de tipo modesto.

A partir del Colegio de Infantes es ya la “calle que baja por la Casa del Sacramento” hasta San Pedro, relacionándose 27 casas; todas de la feligresía de San Lorenzo y de las que destacamos la primera de la izquierda, del conde de los Arcos; la del “confesor de las monjas de San Pablo”, propiedad de este convento y situada entre él y las Benitas; y, haciendo la quinta de orden detrás de ésta, cierta casa “del mayorazgo de don Julián de Bargas”, nombre que nos recuerda la leyenda del Cristo de la Vega. Un jardín del convento de Benitas se reseña también, cuya situación ignoramos. Todas ellas seguían siendo territorio de San Lorenzo, excepto dos entre ambos conventos, que pertenecían al de San Justo.

El tercer tramo, más modesto, aun que los anteriores, es llamado “Cuesta del Barco, por bajo del juego de Bolas” y debe comprender lo que hoy se considera Paseo o Alameda final, embarcadero a orillas del río; pues se incluye un edificio “encima de la Madre”, o sea,  de la alcantarilla que allí desemboca. Esta casa pertenecía al Cabildo catedralicio y la habitaba el barquero Narciso Hernandez.

De as dieciséis casas que se reseñan en el sector, todas de la feligresía de San Lorenzo, hallamos una que debe ser la del Diamantista: frente a la mísera renta que producían las demás, ésta se alquilaba en mil reales nada menos. Pertenecía al Nuncio nuevo y se le llama “Casa Tinte del Varco”. Tenía pues, un destino industrial, lo que explica su elevado alquiler.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.